Lázaro Valdés queda en la tradición sonora

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Lázaro Valdés Espinosa, destacado músico, compositor e investigador cuyas raíces artísticas pertenecen a una de las familias con mayor tradición en la música cubana, falleció en La Habana este 1ro. de enero, tras haber cumplido recientemente 83 años de edad.

Su padre, el percusionista Oscar Valdés, le inculcó a él y a su hermano el amor por este arte, especialmente por los ritmos creados en nuestra tierra. Así, los dos hermanos se convirtieron en defensores de las sonoridades nacionales con una tendencia a mezclarlos con géneros internacionales, de ahí que ambos pasaron a ser figuras representantes del Latin Jazz.

Valdés Espinosa fue el último pianista en tocar con Benny Moré en su agrupación la Banda Gigante. Luego del fallecimiento del Bárbaro del Ritmo, en 1963, el joven Lázaro dirigió la icónica orquesta durante varios años. Tras haber tocado en los escenarios más importantes del país y con los músicos más reconocidos, fundó varias orquestas.

Su último proyecto fue el quinteto Son Jazz, agrupación creada en 2003, y cuyos temas combinan géneros como el son, la timba y el jazz con el danzón, la contradanza y la música clásica. La producción musical de este conjunto es reconocida por sus arreglos a composiciones de autores símbolos de nuestra cultura, como Chano Pozo, Miguel Matamoros e Ignacio Cervantes.

Merecedor de la Medalla Raúl Gómez García, del Sindicato de los Trabajadores de la Cultura, y de la Distinción por la Cultura Nacional, es, sin duda, uno de los creadores más apegados a la identidad musical nuestra.

 

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