Un homenaje a “El Africano” por Wilfrido Vargas

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Qué Dios bendiga las manos y la mente del gran Calixto Ochoa que puso su talento y humor al servicio de todo un pueblo que disfrutó su música!

En esta oportunidad quiero contar lo que representa grabar un sencillo en el medio artístico musical y además de esto, que logre calar en el público, o como se diría popularmente, que el tema se “pegue”.

Es muy fácil entender que para un artista en ciernes, el sólo hecho de tener la oportunidad de ir a un estudio de grabación representa todo un logro. Ahora, imagínese usted que además de esto, esa canción sea un éxito mundial ¡Eso es una inyección motivacional que te hace seguir y seguir!

Es, por ejemplo, cuando tú das un Grand Slam en una serie mundial de béisbol y te conviertes en héroe. Bueno pues, cuando yo pegué “El Barbarazo” fue como si hubiera puesto un hombre en primera base, cuando hice “El Comején”, también conecté de hit y ya tenía dos hombres en bases, al grabar el hit de “Abusadora”, se llenaron las bases; entonces vine con una bendición de Dios llamada “El Africano”, que fue un cuadrangular con las bases llenas. Con esta hazaña y gracias a El Africano me convertí en famoso y le di la vuelta al mundo. Con los beneficios que ese tema me propició, por primera vez tuve un automóvil, una casa, es decir, todo.

A continuación quiero exponer cómo grabé dicho tema, lo recuerdo como si me hubiese pasado ayer:

Voy en un taxi a un estudio de grabación y en ese momento suena en el vehículo una voz femenina que dice:

Mama, el negro está rabioso,

quiere peliá conmigo,

decíselo a mi papa.

Ese verso no me atrapa, sin embargo, el segundo reza:

Mama, yo me acuesto tranquila,

me arropo de pie a cabeza

y el negro me destapa.

Ya estoy alerta, pero con tranquilidad, y me pregunto ¿qué es lo que le pasa a ésta? A lo que esa hipócrita parece responder:

Mama, ¿qué será lo que quiere el negro?

¡¡Eso me vuelve loco!! Yo nunca había oído en tres versos decir tanto, decir todo lo que es el guión de una película, de una trama completa.

— ¿Quién canta esa canción? — le pregunto al chofer,

— Se llama Calixto Ochoa — me responde,

— ¿Pero de dónde es? — insisto — se supone que es colombiano, ¿verdad?

— Sí, esa canción está pegada ahora mismo,

— ¿Dónde la puedo conseguir, señor?

Me explica dónde queda la disquera que la vende — en ese entonces son discos 45 —. Luego le digo — olvídese de la dirección que le di y vámonos hacia allá a comprar ese disco —.

Con el disco en la mano ya comprado, llego donde los muchachos con quienes conformaba mi ejército, y con mi estilo particular, que para ese momento funcionaba como el de un “militar”, de hecho, un poquito como un dictador, les grito:

— ¡Ustedes van a escuchar esto! ¡Todos!

Coloco la canción… después que la oyen les digo:

— Se supone que ya ustedes escucharon y más o menos saben de qué se trata, vamos a escucharla por una segunda vez para familiarizarnos un poco más con ella.

Pongo el tema por segunda vez a ese ejército que está en silencio como si estuviera orando en una iglesia.

— Ahora vamos a hacer un ejercicio – les digo, — para que ustedes puedan memorizar en una tercera ocasión lo que creen que han escuchado—.

Pongo el disco por tercera vez y al terminar les comento:

— Ok, yo supongo que todo el mundo supo lo que oyó, e identificó las partes rítmicas, los metales, etcétera. Entonces, vamos a tratar de dilucidarla.

La pongo una cuarta vez, cuando todos me dicen “entendido maestro”. Sé que puedo poner la canción una vez más para que cada uno cuente los compases y se contagien con el espíritu de la canción. Ya podemos grabarla todos juntos, no canal por canal, porque al principio de los ochenta no se grababa canal por canal, sino toda la orquesta en bloque.

Con esa atención y concentración previa, la canción sale de un solo tiro, ya que está envuelta de mucha mística. David Santana arranca a tocar con el saxo alto, al igual que Calixto Ochoa, aunque con la diferencia de que aquello era un vallenato y esto era una banda más grande de merengue.

El tema lo hago en el mismo tono de Calixto Ochoa, porque entendí que todas las características de esa versión constituían su magia. No me atreví ni a contagiar su genética, entendí que era el todo, la canción era un éxito por su humor, estructura y la magia de su tonalidad que le dieron ese perfil de hit natural al tema.

Pongo a Rasputín, entonces trompetista de la orquesta, a cantar la canción… primer revés. El cantante no alcanza el si bemol que necesita para decir “Mama, el negro está rabioso” y que se oiga con claridad, con mucha luz, con potencia, con autoridad. Entonces, me toca hacer uso del cuarto bate de la agrupación de Wilfrido Vargas: Ruby Pérez.

Cuando llega Ruby Pérez y hace esta canción con aquella propiedad, con aquel dominio, yo no sabía dónde meterme; me pellizco para saber si estoy dormido o despierto. El asunto es que inmediatamente están todos los instrumentos y voces grabados y todo listo. Luego se comienza el proceso de mezcla de la canción. La grabamos en dos horas y la mezcla toma dos horas más, con eso van cuatro.

Tan pronto la mezcla está terminada, se la mando al presidente del sello disquero Karen Records, Bienvenido Rodríguez, un tipo que no le tiembla el pulso para hacer el esfuerzo promocional y económico necesario cuando cree en el potencial de un tema. Él se la lleva inmediatamente a la emisora que comanda la cultura en español, la F.M. de Nueva York, propiedad de Raúl Alarcón. Cuando Raúl Alarcón pone el tema, de inmediato se viraliza, la canción empieza a pelear con lo que en ese momento es el escándalo “¿Por qué me habrás besado? ¿Por qué? ¿Por qué me habrás querido? ¿Por qué?” de Juan Pardo y Rocío Jurado. Ambas canciones compiten, rivalizan, hasta que “El Africano”, con su ímpetu y picardía, se le va adelante y se convierte en el himno de todas las fiestas bailables de la cultura latinoamericana.

A la canción El Africano quise rendirle un homenaje, pero ya no en versión de merengue, que es como todo el mundo la conoce, sino más bien en una versión muy personal cantada por mí, con cierto toque de preciosura utilizando el lenguaje del jazz y la trompeta; para esto me acompañé de un gran pianista, también colombiano: el gran Jimmy Salcedo. Ese fue un reconocimiento que pude darle a una de las obras más importantes de mi carrera. Aquí tienen ustedes “El Africano” como merece ser presentado.

Wilfrido Vargas

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